La venganza no supone la culminación de nuestros sufrimientos; cuesta mucho creer que la destrucción pudiera generar algo positivo, por lo que aunque contempláramos el sufrimiento de la persona que nos lastimó nuestro dolor no se saciaría, sino todo lo contrario, los remordimientos nos atormentarían robándonos la paz. Con la venganza solo logramos acrecentar nuestra amargura. Esto es lo que ocurrió con la criatura creada por Frankenstein; al verse privada de la felicidad y el amor sembró rencor y deseos de venganza hacia Frankenstein, quien irresponsablemente lo dotó de vida para finalmente abandonarlo a su suerte convirtiéndolo en víctima de desprecios y repudio. Aquella criatura se dejó dominar por el rencor de modo que se transformó en un ser cruel e insensible y cegado por su sed de venganza cometió actos atroces que finalmente terminaron por destruirlo.
" ... Aunque destruía sus esperanzas, no por ello satisfacía mis propios deseos, que seguían ardientes e insatisfechos" (p. 173- Frankenstein antes de los quince)
"Compendo que me odie, pero sepa que su repulsión no iguala a la que siento por mi mismo" (p. 173- Frankenstein antes de los quince)
" ... Aunque destruía sus esperanzas, no por ello satisfacía mis propios deseos, que seguían ardientes e insatisfechos" (p. 173- Frankenstein antes de los quince)
"Compendo que me odie, pero sepa que su repulsión no iguala a la que siento por mi mismo" (p. 173- Frankenstein antes de los quince)
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